Mostrando entradas con la etiqueta conspiración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conspiración. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de mayo de 2016

Facebook 1, Usuarios 0

¿Crees que las redes sociales son neutrales y el contenido que se propaga por ellas sólo depende de los usuarios? Bueno, en realidad no.

En julio de 2014 tuvieron lugar los disturbios de Ferguson, pero, por algún motivo, las noticias al respecto no inundaron el timeline. Chubascos débiles. Poco después salió a la luz que Facebook ocultaba o al menos ralentizaba notablemente el alcance de las noticias relacionadas con este suceso. Simplemente, su algoritmo había sido encaminado a ello. Un algoritmo no puede ser neutral porque ha sido creado por un humano con un grado u otro de intencionalidad.

 Tradicionalmente, la neutralidad de la red ha tenido su mejor ejemplo en la navegación a dos velocidades, y por lo tanto sus principales salvaguardas (o taimados enemigos) eran las operadoras, las dueñas de la infraestructura física. Quien tiene el cable, tiene el poder. Ahora, las plataformas y distribuidoras, dejado atrás su adocenado pasado como red social, son quienes tienen el poder para determinar qué se ve o qué no en Internet. Principalmente, Facebook, que para algo reina.
Aunque se nos haya olvidado lo de Ferguson, a veces pueden llegar nuevos ejemplos que nos refrescan la memoria. No hace mucho se anunció que la última cruzada de Facebook era contra el clickbait para potenciar el contenido de calidad. Esto, tan difícil de medir por bots y algoritmos, tuvo algunas muy buenas ideas para facilitar el trabajo. Por ejemplo, calcular el tiempo de lectura de un contenido. Si es de unos quince o veinte segundos, es muy probable que se trate de un contenido donde un dato relevante ha sido omitido en el titular para aludir a la curiosidad del lector y empujarlo al artículo.
Este lector no tendrá interés en leer, sino en escanear rápidamente el artículo hasta encontrar el dato que le faltaba en el titular. Nunca adivinarás la duración de la próxima película de Ben Stiller, por dar un ejemplo tonto. A cambio, Facebook (señalado como salvador y como sepulturero del periodismo a partes iguales) potenciaría contenidos con entre uno y dos minutos de tiempo de lectura, como mínimo. Números que señalan que hay un interés real en leer un contenido.
Facebook, que no se ha convertido en una de las mayores empresas del mundo a base de hacer concesiones a nadie, ni tiene en la salvación del periodismo a una prioridad estratégica, hace esto únicamente en aras de mejorar la experiencia de sus usuarios, de mantenerlos dentro de su corral. Clavaron las operaciones de WhatsApp e Instagram, Oculus será la próxima en demostrar rentabilidad, y ahora que cada vez se comparte menos contenido personal en el muro la idea es volver a convertirlo en un espacio cómodo en el que pasar cuanto más tiempo mejor. A base de brillante estrategia, Zuckerberg simplemente "nos tiene". Y va a por más.

Cuando el sesgo es voluntario

Todo este sesgo, tanto en contenidos como en temáticas (trending topics, de hecho), puede acabar señalándose como fruto de una casualidad, como una desviación aceptable del algoritmo, o como una mera cuestión técnica. El hecho, que suele ser demoledor con la charlatanería, es que Gizmodo expone la versión directa de empleados de Facebook, y han apuntado sin error: en Facebook se manipulan las temáticas destacadas a voluntad, directamente por sus editores.

Entre sus conclusiones se encuentra una que señala a un sesgo que penaliza a contenidos conservadores. Lo cual debería hacernos pensar: el poder de Facebook ya es descomunal: con cambiar un par de líneas de su código puede borrar del mapa a quien quiera. Puede inclinar la balanza de la carrera electoral de Donald Trump, potenciar las donaciones a causas humanitarias en un período de tiempo concreto, llamar al ensañamiento con un personaje en situación espinosa o lavar la imagen pública de quien se ve superado por las circunstancias. El problema es que no debería ser así. O al menos en el imaginario colectivo.
Hemos visto casos que no han pasado de anécdota, como el caso de una especie de "algoritmo racista", pero ahora que Gizmodo le ha puesto el cascabel al gato, se supone que deberíamos estar alerta frente a la gigantesca capacidad de Facebook de mostrarnos u ocultarnos a voluntad el tipo de contenido que según los intereses de Facebook debemos o no debemos ver.
La próxima vez que haya un tema global, o al menos estadounidense, cuyo impacto en la opinión pública sea determinante, Facebook estará de nuevo bajo sospecha. Pero quizás ni nos enteremos.
Tom Stocky, vicepresidente de búsqueda de Facebook, ha desmentido lo publicado por Gizmodo en una nota pública en su perfil.

jueves, 19 de noviembre de 2015

NO SERÁ EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (CINE Y CONSPIRACIÓN)

Sin llegar a la categoría de experto en la materia me considero un gran cinéfilo y un buen espectador de cine, siendo consciente que la industria cinematográfica, en especial la de Hollywood, es una herramienta perfecta de propaganda y control mental de las masas, cómo si el séptimo arte fuese para el Sistema un método para programarnos psicológicamente .

Véase por ejemplo como en los films bélicos de los años cincuenta hasta mediados los sesenta el enemigo a combatir era el ejército alemán del Tercer Reich a lo largo de desiertos, campiñas europeas o mares del Pacífico, cómo si se quisiese introducir en el subconsciente colectivo que debemos a los EEUU la salvación del Mundo y la derrota militar de Hitler, a pesar de que la Historia nos demuestra que fue la Unión Soviética y su ejército quien llevó la mayor parte del peso de la guerra y los primeros en entrar en Berlín. A partir de la segunda mitad de los sesenta y durante unos veinte años (coincidiendo con la fase más cruda de la Guerra Fría) el gran enemigo cinematográfico pasó a ser el diablo comunista, bien en forma soviética o vietnamita. Ya en los años noventa se nos presenta un nuevo enemigo y se nos programa para que dicho enemigo sea asimilado por las masas que conforman el gran público, este nuevo enemigo que aparece en las películas estadounidenses es el terrorismo perpetrado por musulmanes fanáticos financiados por ciertos países árabes. Ahora, en la segunda década del Siglo XXI el enemigo no es solo una amenaza para los estadounidenses sino para todo el Planeta y la Humanidad, este nuevo enemigo no es nacionalsocialista, no es comunista, no es musulmán, no es alemán, no es ruso, ni vietnamita ni árabe, ahora el enemigo de los protagonistas cinematográficos viene del espacio exterior o es el villano de algún cómic adaptado al cine.
Supongo que aquí habrá quien se detenga y diga que ya no da más de sí esta teoría conspiratoria sobre la manipulación y control mental a través del cine, se equivoca y me explico: Un enemigo de ciencia-ficción, un enemigo llegado del espacio exterior es algo etéreo, volátil, difuminado, cómo una niebla, representa lo desconocido; y es aquí donde entronca con el enemigo antaño representado en la gran pantalla en la figura del terrorista islámico ya que por un lado nos introduce en la mente el meme de la necesidad de que todos los gobiernos cooperen bajo el liderazgo de los EEUU como única alternativa para salvar nuestra civilización de la amenaza externa en tanto que el alienígena o mutante de turno, al igual que el terrorista islámico en el cine pertenecen a un mundo y a un universo que a Occidente le es desconocido y del cual lo único que sabemos es que es una amenaza para  el nuestro.
Imagen perteneciente al film "Red de Mentiras"

Es como si nuestros cerebros fuesen unidades de memoria extraíbles USB en los que el gran disco duro del Sistema vuelca sus datos programándonos para que no cuestionemos las acciones que los gobiernos occidentales  lleven a cabo en nombre de la lucha contra el terrorismo. De hecho, si os  fijáis después de las masivas reacciones a nivel mundial contra la invasión de Irak la programación de la Matrix se ha centrado en programar nuestras mentes no solo a no cuestionar las atrocidades del Sistema sino a asimilarlas cómo algo lícito y necesario.

Toda esta parrafada viene a colación porque hay una cosa que me ha llamado la atención al conocer las noticias de los atentados de París, algo que me ha sorprendido de mí mismo, es el nulo impacto que ha producido en mí persona, lo he visto cómo algo normal, como si uno ya estuviese acostumbrado a ver atentados de esta índole y magnitud en ciudades de Europa. Ni me impacta ni me parece novedoso, y no porque esto ya haya ocurrido antes en Londres, Madrid o París, el hecho que hace que no me resulte novedoso es porque es algo que llevo veinte años viéndolo en películas de acción y thrillers políticos (recomiendo la serie House Of Cards y las películas Red de Mentiras y Distrito 9). Luego es esta impasibilidad ante los hechos y la normal aceptación de ellos por mi parte, me lleva a pensar si no responderá en mí esa actitud a la programación mental a la que nos someten las élites gobernantes (con EEUU e Israel como cabezas del Imperio Sionista). Cómo ser humano y desde mi vertiente más filántropa, me asusta esta naturalidad con la que recibí la noticia de París.

Llama la atención (o no) que horas después de los atentados Facebook ya ofreciese a sus usuarios la opción de aplicar un filtro transparente sobre la foto de perfil con los colores de la bandera de la República de Francia y el hashtag #JeSuisParís. Lo que no llama la atención ni a Facebook ni a nadie es que un día antes el DAESH atentó en el Líbano causando gran cantidad de muertes y no vi a las redes sociales ni arder ni clamar al cielo o hacer mil cábalas (inducidas por los mass media en general) sobre lo ocurrido en la capital libanesa, ni filtros con banderas de aquel país, ni ningún hashtag llorando por las víctimas de Irak, Siria, Libia o Palestina (por poner algunos ejemplos). No he visto ningún hashtag que diga #JeSuisToutesLesVictimesDuMondeDeDAESH
Si el DAESH ha llegado a un nivel de infraestructura y logística como para coordinar fuera de su espacio natural tres ataques simultaneos como los del pasado viernes, eso confirma lo que ya todos sabemos a estas alturas, detrás del DAESH hay un Poder institucionalizado que opera en secreto y que mueven los hilos del Mundo sembrando aquello de lo que se alimentan, es decir sembrando miedo, odio y confrontación entre Pueblos para justificar unos excesos que ya ni pueden ni parecen querer ocultar.

P.D. “Que todo en la vida es cine y los sueños cine son” (L.E. Aute)